Combinación.

Estenopeica I

A través de la Asociación Cultural Ínsula Sur se organizó un curso-taller de Fotografía Estenopeica que se realizó los días 12 y 13 de Noviembre.

Fruto de esto encuentro donde además de divertirnos con la compañía y el trabajo, pusimos en común nuestro interés y dedicación a la fotografía, pudimos volver a comprobar que la fotografía analógica y ésta aún más artesanal, puede ofrecer resultados muy interesantes.

El nuevo (relato corto)

Llegaba tarareando una exitosa canción del momento por el pasillo. A veces se le escapaba algún grito que revelaba su buen humor. Nada más llegar al umbral de mi puerta se detuvo en silencio, mirándome sin que yo advirtiese su presencia. De repente yo ya sabía que estaba ahí callado porque había demasiado silencio para un piso tan viejo como este. Me volví esbozando una sonrisa y mi amigo me devolvió una larga hilera de dientes y una cabeza ladeada hacia el marco de la puerta.

–¿Sabes qué día es hoy? –preguntó lentamente masticando cada sílaba.

–No puede ser… He llevado la cuenta y no puede ser –las palabras se me atragantaban a la vez que empezaban a temblarme los dedos.

Es curioso como a veces el tiempo cambia tan rápido de ritmo que pareces estar dentro de un concierto de rock. Incluso tu pecho retumba con cada pisada del batería, aunque en mi caso el batería no era tal, sino un día bueno en las Fallas.

–Tengo el calendario aquí mismo. He ido tachando los números y aún faltaban decenas –intentaba convencerme a mí mismo de que todo estaba bajo control.

Revolví uno de los cajones de uno de los muebles de mi habitación, levantando toneladas de papeles sin importancia hasta que dí con el cuaderno que buscaba. Mientras pasaba las hojas de dos en diez me distraía pensando cuánto tiempo hacía que no tocaba ese pequeño libro. Llegué a la últimas páginas y volví a mirar a mi amigo. Ya no sonreía del mismo modo. Su expresión se volvió oscura y ligeramente sádica.

–Llevo días sin contar los números –dije.

–Llevas días sin contar los días.

El pequeño cuaderno de piel cayó al suelo abriéndose por la primera página donde podía leerse:

“Día 1: Creo que el nuevo compañero de piso esconde algo. No sé, quizá son cosas mías.”

Mamiya

Hace mucho tiempo desde que revelé mi primer carrete en la facultad. Varias asignaturas y toda una vida viviendo la fotografía han dado lugar a un aprecio, una sensibilidad especial por la captura en película, lejos de sensores digitales que interpretan la luz convirtiéndola en cuadrados pixeles.

No fue hasta hace poco que comencé a hablar con mi padre sobre las máquinas analógicas y la fotografía tradicional. Desde que produje el pequeño documental sobre su historia en el mundo de la imagen pude ver y tocar sus primeras cámaras de nuevo. No era la primera vez, pero sí la que lo hacía con más emoción después de entender y conocer desde varios encuadres la profesión, el proceso y el sentimiento de hacerse pasar por mago al ver aparecer una imagen en un trozo de papel dentro de una cubeta.

Ahora mismo tengo delante una máquina que me ha prestado. Una cámara analógica de formato medio. La Mamiya famosa que tantas veces ha sonado en mi cabeza. Pues ésta es. Y estoy deseando revelar mi primer carrete con este gran aparato que más de una vez a captado la luz que rebota en mi cara. La misma que ahora se pone detrás del espejo.

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